|
||| TUBERCULOSIS,
UNA ENFERMEDAD ANTEDILUVIANA |
- - - - - - - - - - - - -
- - - - - - -
miércoles 15/10/2008 16:57
MADRID
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Detectan el bacilo de la tuberculosis
en dos esqueletos del 7.000 a. C.
El hallazgo destierra la teoría de
que la bacteria pasó de los animales
a los hombres
El ser humano lleva una eternidad conviviendo,
sucumbiendo y sobreviviendo a miles de microorganismos.
Una villa neolítica cercana a Haifa
(Israel) guardaba celosa los dos primeros
casos de tuberculosis confirmados de la
historia. Los restos de una madre y su bebé,
que vivieron hace 9.000 años, han
proporcionado las muestras más antiguas
del ADN de 'Mycobacterium tuberculosis',
la bacteria que causa esta enfermedad.
Alit-Yam es un asentamiento neolítico
que estaba situado, allá por el 7.000
a. C., en una zona pantanosa. Al poco de
su desaparición, las aguas mediterráneas
la sumergieron y así ha permanecido
siglos. Las tumbas excavadas por científicos
de la Escuela Universitaria de Londres (Reino
Unido) y la Universidad de Tel-Aviv (Israel)
estaban encajadas en arcilla, que junto
con la arena y agua marinas proporcionó
un escudo protector contra la descomposición
de los huesos.
Por eso en el esqueleto de la mujer, que
se calcula tenía unos 25 años,
y del niño -que se asume su hijo-
de unos 12 meses, aún era visible
la impronta de la tuberculosis. Lesiones
endocraneales de formas serpenteantes (impresiones
capilares que sugieren inflamación
de los vasos meníngeos) y en los
huesos tubulares (osteoartropatía
hipertrófica) del pequeño,
además de una discreta alteración
en la tibia de la madre tenían un
claro significado para el equipo: tuberculosis.
Lo más probable, relatan en el estudio
publicado en la revista 'PLoS ONE', es que
la madre contagiara al pequeño poco
después de que éste naciera.
La bacteria, asentada en los pulmones de
la mujer, se diseminó por el cuerpo
del pequeño y, con toda probabilidad,
acabó con la vida de ambos y fueron
enterrados juntos.
Gracias al excelente estado de conservación
de los restos, el diagnóstico paleopatológico
se pudo confirmar con una herramienta que
despejó cualquier asomo de duda:
el análisis genético. El examen
del ADN "proporcionó evidencias
de la presencia de 'M. tuberculosis'"
en ambos cuerpos; una "confirmación
robusta e independiente de la presencia
de tuberculosis", según apuntan
los autores de la investigación.
|