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||| LOS
SENTIMIENTOS NEGATIVOS PUEDEN DAÑAR
SU SALUD DE VARIAS MANERAS |
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27 de agosto, 2009.- (HealthDay News/Dr.
Tango)
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Estudios muestran el impacto de la apatía
y la desesperanza sobre la enfermedad cardiovascular.
Un estado emocional deprimido (sentimientos
de desesperanza y apatía) podría
tener un efecto directo sobre la salud física,
indica una investigación reciente.
Un estudio de supervivientes de accidentes
cerebrovasculares (ACV) encontró
un índice más lento de recuperación
entre los que experimentaban apatía,
sintiendo poco interés en ellos mismos
y en el mundo que los rodeaba. Y un estudio
de mujeres sanas de mediana edad encontró
una asociación entre la desesperanza
y un engrosamiento inesperado de la arteria
carótida, el principal vaso sanguíneo
que va al cerebro.
Ambos hallazgos aparecen en la edición
del 27 de agosto de la revista Science.
El estudio de la apatía fue motivado
por un trabajo de 2006 sobre la enfermedad
de Parkinson que apareció en otra
revista, apuntó Nancy E. Mayo, profesora
de medicina de la Universidad de McGill
en Montreal, y principal autora del estudio
sobre la apatía. "Afirmaba que
si los pacientes estaban apáticos,
lo mejor era dejarlos tranquilos",
señaló. "Me indignó
que el autor dijera que simplemente no debería
importarnos".
Entonces, Mayo inició un estudio
en que 408 cuidadores familiares de supervivientes
de ACV rellenaron cuestionarios sobre la
apatía cada cuatro meses, en que
preguntaban al superviviente "espera
a que alguien haga cosas que puede hacer
por sí mismo", o "simplemente
se queda sentado y observa", y cosas
por el estilo.
Mayo dijo que es un método imperfecto,
"pero usamos lo que teníamos".
Los informes indicaban que un tercio de
los supervivientes de ACV tenían
apatía menor durante el primer año,
y tres por ciento tenían altos niveles
de apatía. La apatía empeoró
en siete por ciento de los supervivientes,
y mejoró en siete por ciento durante
el año.
Las medidas de funcionamiento físico
mostraron que "incluso una apatía
menor tenía un impacto tan importante
sobre la recuperación como la apatía
mayor", aseguró Mayo. Las preguntas
sobre la calidad de vida de los supervivientes
de ACV, tales como su participación
en actividades sociales, encontraron una
menor mejora entre aquellos cuya apatía
empeoró.
No está claro qué puede hacerse
en tal situación, dijo Mayo, en gran
parte porque se ha llevado a cabo muy poca
investigación sobre la apatía.
"No se puede arreglar lo que no se
puede medir", señaló.
"Éste es un primer intento de
averiguar cosas. Ya que nadie presta atención,
no es sorprendente que no haya tratamientos".
La farmacoterapia es una posibilidad lejana,
además de la terapia conductual.
"No contamos con nada respaldado por
datos basados en la evidencia aparte de
ser amable y entusiasta", lamentó
Mayo. "Buscamos pistas en la investigación
sobre adicción. Pero habrá
que trabajar mucho".
El informe sobre el efecto físico
de la desesperanza salió de un estudio
nacional sobre enfermedad cardiovascular
en las mujeres, contó la autora del
estudio Susan A. Everson-Rose, profesora
asociada de medicina en la Universidad de
Minnesota.
Ella y sus colegas eligieron a 559 mujeres
menopáusicas sin antecedentes de
enfermedad cardiovascular para responder
a un cuestionario de dos ítems sobre
sus expectativas acerca de las metas a futuro.
Un estudio anterior liderado por Everson-Rose
y que utilizó el mismo cuestionario
con hombres finlandeses encontró
una asociación entre la desesperanza
y el resultado de la enfermedad cardiovascular,
señaló, al igual que otro
estudio en mujeres que tenían enfermedad
cardiovascular documentada.
Este nuevo estudio encontró una relación
directa entre la desesperanza creciente
y un engrosamiento del revestimiento de
la arteria carótida, un factor de
riesgo del accidente cerebrovascular. En
general, las mujeres que puntuaban más
alto en la escala de desesperanza tenían
.02 milímetros más engrosamiento,
igual a la cantidad causada por un año
de envejecimiento. Las mujeres que tenían
las puntuaciones de desesperanza más
altas tenían un engrosamiento .06
milímetros mayor en promedio que
las que tenían las puntuaciones más
bajas.
"Esto no necesariamente significa que
la desesperanza tenga un efecto físico
directo, ya que podría operar a través
de mecanismos que no medimos", apuntó
Everson-Rose.
Pero añadió que hay un mensaje
clínico. "Los médicos
deben decir a sus pacientes que los estados
emocionales pueden tener un efecto físico,
y que deben buscar un tratamiento adecuado
para ellos. El tratamiento psiquiátrico
está justificado para la depresión
y la desesperanza graves".
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