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||| EL
NOBEL DE MEDICINA PREMIA A LOS PADRES DE
LA TELOMERASA, LA ENZIMA DE LA JUVENTUD
CELULAR |
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MADRID.- 5 de Octubre, 2009
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El galardón recae sobre una australiana,
una estadounidense y un británico.
Sus trabajos han permitido relacionar el
envejecimieno con patologías como
el cáncer
El Premio Nobel de Medicina 2009, que concede
el Instituto Karolinska de Estocolmo, ha
recaído este año en los descubridores
de los telómeros y la enzima telomerasa.
El jurado ha valorado los trabajos de Elizabeth
H. Blackburn, Carol W. Greider y Jack W.
Szostak, en este campo cuyas implicaciones
afectan tanto al proceso del envejecimiento
como del cáncer.
Los telómeros son una estructura
que protege el extremo de los cromosomas
humanos y los protege del proceso de envejecimiento,
es decir, se encargan de dar estabilidad
a los cromosomas.
A medida que las células se van dividiendo,
los telómeros (del griego 'telos',
final; y 'meros', parte) se van acortando,
algo que, por ejemplo, las células
cancerosas contrarrestan produciendo una
enzima denominada telomerasa, que les permite
seguir sobreviviendo.
"Los descubrimientos de Blackburn,
Greider y Szostak han añadido una
nueva dimensión para la comprensión
de la célula, han arrojado luz sobre
los mecanismos de enfermedades y han estimulado
el desarrollo de potenciales nuevas terapias",
ha destacado sobre ellos el Instituto Karolinska.
Se da la circunstancia de que los científicos
que descubrieron su existencia allá
por los años 30, Hermann Joseph Muller
y Barbara McClintock, también recibieron
el premio Nobel, aunque por motivos diferentes
de éste.
Aunque no fue hasta varias décadas
después cuando Greider, entonces
estudiante de doctorado, y su tutora, Blackburn,
descubrieron la enzima telomerasa. A partir
de ese hallazgo, Szostak identificó
células de levadura con mutaciones
que provocaban una reducción gradual
de los telómeros, mientras Blackburn
hizo mutaciones en el ARN (ácido
ribonucleico) de la telomerasa y observó
efectos similares en la tetrahymena (un
tipo de protozoo), informa EFE. "La
enzima telomerasa es un mecanismo básico
para la vida", explica María
Blasco, directora de Oncología Molecular
del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
(CNIO) y especialista en este mismo campo.
"No hay vida sin telomerasa, porque
se encarga de mantener a la célula
joven. Pero al mismo tiempo, esto que no
es malo por sí mismo, también
le permite mantener joven a una célula
mutada, como lo son las tumorales".
Algunos investigadores comparan los telómeros
con los extremos de los cordones de zapatos,
el plástico que evita que se deshilachen,
hasta que, con el uso, lentamente se van
gastando y acortando.
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