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||| PERDER
UNOS CUANTOS KILOS REJUVENECE LOS CORAZONES
OBESOS |
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NURIA BAENA
MADRID.- 12/12/2009
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Dieta y ejercicio son dos aliados clave
para los obesos que no optan a cirugía.
La pérdida de peso, aunque sea reducida,
beneficia la función cardiaca.
Para quienes sufren de obesidad perder sólo
unos cuantos kilos suele ser frustrante,
ya que supone un gran esfuerzo y su repercusión
estética es poca. Sin embargo, los
beneficios de una bajada moderada de peso
en la salud cardiovascular de los obesos
son muchos, incluso cuando se recupera parte
de lo adelgazado, según revela un
estudio que publica la revista 'Journal
of the American College of Cardiology'.
Se ha demostrado que la obesidad duplica
el riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca,
ya que favorece la aparición de anomalías
en la estructura cardiovascular y en el
funcionamiento del corazón.
Por ello, un grupo de investigadores encabezados
por Lisa de las Fuentes, profesora de la
Escuela de Medicina de la Universidad de
Washington-St. Louis (EEUU) y cardióloga
en el hospital Barnes-Jewish, decidió
investigar los efectos cardiovasculares
que tendrían en pacientes obesos
un adelgazamiento moderado (entre el 5%
y el 10% del peso corporal) y una posible
recuperación de los kilos perdidos
tiempo después.
Los investigadores contaron para su estudio
con una muestra de 60 individuos obesos,
de los cuales 46 completaron un periodo
de seguimiento de dos años. Sus edades
iban desde los 22 a los 64 años,
tenían unos índices de masa
corporal de entre 30 y 44 (por encima de
30 refleja obesidad leve y más de
40 es signo de obesidad mórbida)
y no eran candidatos a someterse a cirugía
para perder peso (como el by-pass gástrico
o la banda gástrica).
Aunque ninguno de los participantes presentaba
indicios clínicos evidentes de insuficiencia
cardiaca (respiración entrecortada,
tos o acumulación de fluidos) ni
tomaban fármacos para bajar el colesterol,
un tercio de ellos estaba siendo tratado
por hipertensión.
Además, a través de una ecocardiografía
avanzada y de imágenes por ultrasonidos
los investigadores hallaron leves aunque
detectables disfunciones coronarias en los
participantes.
Durante el tiempo que duró la investigación
los pacientes siguieron dos tipos de dieta,
una baja en carbohidratos y otra pobre en
grasas. Las mujeres consumieron entre 1.200
y 1.500 calorías y los hombres entre
1.500 y 1.800. Además, debían
dedicar al ejercicio (principalmente a andar)
unas tres horas y media a la semana.
Por lo general, la mayor pérdida
de peso se registró durante los primeros
seis meses del programa, en los que los
participantes llegaron a rebajar hasta un
9% de su peso inicial. Sin embargo, los
máximos beneficios cardiovasculares
se detectaron tiempo después de que
se lograse la perdida de peso, dándose
los niveles más altos de mejora entre
los 12 y los 24 meses después que
comenzase el estudio.
Entre los progresos experimentados por los
participantes se observó una disminución
del grosor de la musculatura coronaria,
una mejora de la función de bombeo
y relajación del corazón (mejorando
el riesgo de insuficiencia coronaria) y
una disminución del grosor de las
paredes de la carótida (evitando
la formación de placa en la misma).
Además, los niveles de triglicéridos
y colesterol de los pacientes también
mejoraron.
"Con el paso del tiempo la obesidad
provoca un engrosamiento anormal de la musculatura
coronaria, porque el corazón debe
realizar un mayor esfuerzo para bombear
la sangre a lo largo del cuerpo", expone
de las Fuentes. "Nuestro estudio sugiere
que después de un tiempo los corazones
de las personas obesas pueden perder parte
de su habilidad de bombeo y relajación,
lo que conduce a la insuficiencia cardiaca".
Pero este trabajo apunta a que al perder
peso la gente puede retroceder en el tiempo
y lograr un rejuvenecimiento de la función
coronaria.
Beneficios a pesar
del aumento de peso
Sin embargo, un año después
de que comenzase el programa la mayoría
de los participantes fue recuperando lentamente
algo del peso ganado, aunque no todo, ya
que al cabo de dos años habían
adelgazado una media de cuatro kilos respecto
a su peso inicial. No obstante, a pesar
de haber vuelto a ganar peso, al concluir
el estudio aún se mantenían
(aunque en menor grado) parte de los beneficios
cardiovasculares logrados durante el proceso.
"Perder unos nueve kilos puede parecer
algo enorme para alguna gente, pero hemos
demostrado que incluso bajar una cantidad
de peso más modesta puede producir
beneficios coronarios y vasculares",
explica la investigadora. "Es importante
darse cuenta de que se pueden elegir metas
alcanzables y trabajar progresivamente hacia
ellas. No hay que perder necesariamente
más de 20 kilos para mejorar la función
coronaria" añade.
"Además, los pacientes pudieron
elegir entre una dieta baja en carbohidratos
o una limitada en grasas, y obtuvieron de
igual forma buenos resultados, lo que sirve
para tranquilizar a la gente que prefiere
uno u otro tipo de régimen",
matiza de las Fuentes.
Por último, esta experta destaca
la importancia de este trabajo como demostración
de que un programa de dieta y ejercicio
para adelgazar moderadamente puede mejorar
la salud coronaria, algo especialmente relevante
para los pacientes que no optan a cirugías
adelgazantes.
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