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||| CÓMO
PERDER PESO DURANTE EL DÍA DE TRABAJO |
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1 de abril, 2010.- (HealthDay News)
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Una 'oficina sana' puede ayudar a los empleados
a perder peso y a aumentar la productividad,
aseguran expertos
Durante décadas, la oficina ha sido
considerada como el enemigo sedentario de
la buena forma física, un lugar en
que uno se sienta durante ocho horas y acumula
peso poco a poco.
Pero, ¿y si fuera una gran parte
de la solución?
Un experto considera que puede serlo. De
hecho, en apenas seis meses, el Dr. James
A. Levine y sus colegas de la Clínica
Mayo ayudaron a 18 trabajadores de oficina
de Minneapolis a perder un total de 156
libras (71 kilos) solamente rediseñando
la oficina y el día de trabajo.
"Con un poco de creatividad, el día
laboral puede llenarse de movimiento. Al
hacerlo, al mismo tiempo que ajustamos la
manera en que pensamos sobre la comida,
el peso comenzará a desaparecer",
aseguró Levine, profesor de medicina
del departamento de endocrinología
de la Mayo en Rochester, Minnesota.
"Los pacientes han probado todo para
perder peso y ser saludables, pero nada
funciona", lamentó Levine. "Muchos
se desaniman y pierden la esperanza. Pero
no es una situación en absoluto irremediable".
El método de "oficina sana"
de Levine se basa en lo que los expertos
llaman "termogénesis por actividad
que no constituye ejercicio" (NEAT,
por su sigla en inglés).
La NEAT sucede de forma natural, a medida
que los humanos queman energía con
movimientos cotidianos como ponerse de pie,
intranquilidad, darse la vuelta, inclinarse
y caminar.
Según Levine, NEAT es diferente de
las demás formas primarias de procesos
de gasto energético, entre ellas
el ejercicio activo, el metabolismo en descanso
o la digestión.
Para la mayoría de los estadounidenses
sedentarios, la cantidad de energía
consumida en el ejercicio activo es en realidad
"insignificante", frente a la
que se pierde por medio de NEAT, aseguró
Levine. De hecho, NEAT da cuenta de entre
quince por ciento (entre las personas muy
sedentarias) y 50 por ciento (entre las
muy activas) del gasto energético
diario. E incluso cambios menores en el
estilo de vida pueden aumentar el NEAT diario
en alrededor de veinte por ciento, señaló.
El núcleo de la idea de Levine fue
ese, hacer de la oficina un lugar que induzca
más a la NEAT.
Para probarlo, Levine y sus colegas lanzaron
en 2007 un experimento de seis meses dirigido
a 18 empleados de oficina de un pequeño
negocio de personal financiero en Minneapolis.
Primero, el equipo de investigación
"rediseñó" las oficinas
de la firma. Se reemplazaron las sillas
y los escritorios típicos por escritorios
que venían unidos a cintas caminadoras,
y alrededor de la circunferencia de la oficina
se instaló un sendero para caminar,
para facilitar "reuniones caminando".
Levine enfatizó que no se trataba
de ejercicio. "En el trabajo, no se
corre, se camina. Y lo que intentamos hacer
es de hecho lograr que la gente camine en
la oficina mientras trabaja, a un ritmo
de 1.1 millas (casi dos kilómetros)
por hora", apuntó Levine. Ese
ritmo cae dentro de la categoría
de NEAT de uso de energía.
Otros cambios fomentaban el movimiento,
de manera sutil. Se reemplazaron los teléfonos
fijos de la oficina por celulares. Se crearon
espacios para juegos como la Wii y el futbolín,
y también se suministraron monitores
de actividad de alta tecnología a
los empleados. Al personal también
se le ofreció asesoría sobre
nutrición.
El resultado fue que medio año después,
los 18 participantes del estudio habían
perdido 156 libras (71 kilos), de las cuales
143 libras (65 kilos) eran pura grasa corporal.
En promedio, los empleados perdieron casi
nueve libras (cuatro kilos) cada uno, 90
por ciento de eso en grasa, y sus niveles
de triglicéridos (grasa en la sangre)
se redujeron en una media de 37 por ciento.
Entre los nueve empleados que indicaron
específicamente que deseaban perder
peso al inicio del estudio, la pérdida
promedio de peso fue aún mayor, casi
de quince libras y media (siete kilos).
La pérdida de peso no afectó
la productividad en el lugar de trabajo.
De hecho, tras apenas tres meses en la oficina
rediseñada, el personal había
aumentado los ingresos corporativos en casi
diez por ciento. A la mitad del estudio,
la firma registró su ingreso bruto
mensual más alto hasta esa fecha.
"Se trató de un estudio pequeño",
reconoció Levine. "Pero cuando
la gente que realmente sufre de problemas
de peso y salud ve los resultados, es un
momento 'eureka' muy, pero muy poderoso".
Porque el truco de esto es que no les pedimos
que piensen en perder peso. Sencillamente,
les pedimos que vivan su día de forma
dinámica y positiva".
El estudio, pendiente de publicación,
"muestra que no hay que ser miembro
de un gimnasio para lograrlo", anotó.
"De hecho, para la mayoría de
la gente, la energía que se gasta
en un gimnasio es mucho menos de la que
se podría pensar. Cuando se promedia
a ir al gimnasio tres veces a la semana,
la mayoría de personas apenas queman
unas 70 calorías por día".
"Pero se puede lograr mucho más
al llenar el día en la oficina con
un nivel estable de movimiento, sin ir a
ningún lado", señaló
Levine. "Al hablar por teléfono
de pie, tener una reunión mientras
se camina (despacio, al mismo paso al que
se va de compras, tal vez una milla por
hora), y tomar el ascensor hasta el tercer
piso y subir las escaleras las otras tres,
se queman entre 100 y 150 calorías
más por hora. Eso es entre 400 y
500 calorías adicionales al día.
Y eso es mucho".
"Si además se cambia filosóficamente
la manera en que se considera la comida,
usando la comida como sustento en lugar
de consuelo, de forma instantánea
se tiene un programa para perder peso que
está disponible y es agradable para
todo el mundo", añadió.
Una experta celebró el método
de Levine, pero se preguntó qué
tan asequible sería para la mayoría
de trabajadores.
"Es así, el ejercicio no intencionado,
como simplemente estar de pie en lugar de
sentado, quema más calorías
que si uno se sienta todo el día
frente a la computadora. Los pequeños
cambios como ese se acumulan, gastan calorías
y hacen una diferencia", aseguró
Lona Sandon, dietista registrada y profesora
asistente de nutrición clínica
del Centro médico Southwestern de
la Universidad de Texas en Dallas.
"Pero para que un individuo lleve a
cabo este tipo de cambio en la actividad
de la oficina, necesitan un entorno que
promueva el hábito vigorosamente",
agregó. "Un empleado individual
no puede hacer que suceda solo. Entonces,
a menos que una organización decida
que el esfuerzo de remodelar vale la pena,
probablemente no suceda".
Sin embargo, otro experto dijo que ha experimentado
los beneficios de la "oficina saludablemente"
en carne propia.
"Es probable que yo mismo haya empleado
ese método durante unos veinte años",
apuntó Cedric X. Bryant, director
científico del American Council on
Exercise, una organización sin fines
de lucro con sede en San Diego. "La
gente pensaba que estaba loco, pero siempre
edito libros, artículos y manuales
mientras hago ejercicio en una caminadora
inclinada, una especie de máquina
giratoria para subir escaleras, que traje
a la oficina. Coloco el material en un apoyo
mientras me muevo a una intensidad muy baja".
"Siempre sé cuando el proyecto
en que trabajo es muy difícil",
bromeó Bryant, "porque pierdo
mucho más peso".
"Y también me ayuda a tener
una mayor concentración y claridad
mental", añadió, "lo
que hace que mi proceso de edición
sea mucho más fácil y productivo.
Diría que probablemente sea entre
treinta y cuarenta por ciento más
productivo mientras hago ejercicio que mientras
estoy sentado en mi escritorio".
"Tenemos que lograr que la gente no
piense que la única manera de ponerse
en forma es a través de una experiencia
estructurada a una determinada intensidad,
en el gimnasio", comentó Bryant.
"Tenemos que pensar que un estilo de
vida activo abarca todo el día, no
solo las sesiones de ejercicio. Y si sencillamente
se mueve mientras trabaja, tendrá
todo el beneficio que desea".
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